domingo, 27 de enero de 2013

LA DESPEDIDA

No puedo decir que dejaré de extrañarte, tampoco que en las noches y los días dejaré de pensarte o sentir en el pecho ese cálido anhelo por besarte, no podré doblar mi voluntad y obligarme a dejar de amarte, sólo puedo prometer refugiarme en el silencio y no gritar lo que bien adentro arde, callar las palabras que tantas hojas han empañado tratando de buscarte. Hoy trataré de resignarme a la partida, morder las ansias al mirarte y renunciar al anhelo de una madrugada al abrigo de tu compañía, no sabes cuanto duele olvidarte, porque al mirar tus ojos encuentro la felicidad de mis días, recuerdos que penetran en el alma y otra vez me hacen desearte. 

Que triste melodía, y al compás de un te quiero en el que se me va la vida te digo con mis últimas palabras que te amé con cada fibra, que aún en la soledad donde la realidad como fresca brisa me susurra que aunque me quieras no te alcanza para amarme, con el corazón sincero aún espero que las raíces de lo que hubo algún día se aferren a tu cuerpo y te recuerden que te habría dado hasta mi vida, y no espero que lo entiendas ni que compartas mi poesía, sólo son palabras que brotan mientras respiro la ausencia por entre las heridas. Estas son mis últimas letras, mi despedida, no quiero dejarte, mis lágrimas son las cómplices de la verdad en cada línea y aunque quisiera encerrarlas y no verlas recorrer mis mejillas, me termino ahogando y finalmente encuentran la salida.

Al terminar la tarde y mientras abro mi mente para construir esta breve poesía - por así llamarla y sentir que escribo algo como algún día pensé que lo haría -, no te culpo por no querer retornar a esta vía, porque al mirar al espejo sólo observo un cuerpo que se entregó a la amargura de un llanto que no cesa y está acabando con lo que fue algún día y me vuelvo a tus ojos para rescatar esa mirada encendida que aquella mañana pensé que jamás me abandonaría. 

Te firmo mi despedida, con cada gota de mi sangre y la esencia de mi vida, jamás quise ver tu espalda a la sombra del ocaso mientras abandonabas el amor que te ofrecía, pero así es la vida, y aunque espere tu regreso ahora entiendo que estoy lejos, muy lejos de volver a encender el fuego que antaño abrigaba nuestros días. Ahora, mientras termino este relato espero cumplir tantas promesas escritas y sentir cuando menos, que hice hasta lo que no podía.

John Gómez.