martes, 12 de febrero de 2013

GOZOS


Sintió su corazón acelerado, aquella mano sigilosa se deslizaba por entre su espalda dibujando piruetas, trazos, ese tibio fuego conspirando entre sus piernas. Sintió su corazón acelerado y desarmó todas sus barreras, dejó que aquella mano le recorriera, que se metiera por entre su piel fría de tanta espera, que latieran sus entrañas al vaivén de esa mirada perpleja, esa mirada perdida e indescifrable que le enreda. Entonces aquella mano se apoderó del fuego entre sus piernas, luego sus labios atropellados llegaron frescos a calmar la marea, a beber del vientre dormido y silencioso, ese breve latido escondido ahora hincado por la lengua de sus dedos y tanto gozo. Sí, se movía, su cuerpo se torcía y sus ojos al cielo rebozaron de alegría, el placer le recorría junto al miedo de verse al descubierto mientas ese breve suspiro gritó en silencio que se rendía, que su fuerza derramada yacía como manta sobre aquellos dedos mientras sus piernas  como luz de vela se mecían, no para emprender la huida, sino para aferrase al negro suelo y no levitar de sueños y mentiras, para mantener la cordura al final de la tarde, cuando el cielo se derrame y aquella mano vuelva a ser desconocida, una extraña y ausente, pasajera de esta vida.