martes, 19 de febrero de 2013

RENCORES

La ira le invade, siente la amargura caminando su garganta y ese sabor a venganza emerge tan poderoso queriendo rebozar entre miradas, tanto dolor en calma es veneno que quema las entrañas, poco a poco ennegrece el alma y los sentimientos se tornan tan grises como aquella mañana. Aquellos ojos reflejan el dolor y la desesperanza, la desazón de unos besos manchados por el intruso maldito que no conoce  la vergüenza ni la desolación que causa, pero pobre su pecho porque sobre él también caerá la desgracia, y entonces entenderá que nunca ganó la batalla, también sentirá ese ardor que no se muere con nada. Ahora vuelve su mirada sobre aquellas manos que tanto le llaman, que tanto le incitan a caer en su cama, pero sólo es un juego de sábanas, ilusas caricias y gemidos que no llenan el alma, tanto amor que se perdió por sus sucias palabras, tantos momentos marchitos por un cuerpo que al final se secará como una hoja y sus tersos ojos se quedarán sin nada. Pero corre, ese es el camino que te llama, y mientras recorres la senda que forjaron tu indiferencia y las palabras, olvida que aquel ser alguna vez dijo que te amaba.