lunes, 29 de abril de 2013

GRISES


La avalancha de recuerdos golpeó a la puerta de su alma, inquieta y con la luz apagada quiso aparentar que la casa se encontraba deshabitada, con la voz callada y una lágrima rozando la mejilla apretó su corazón con todas las ganas, hasta que aquella gota cristalina de sentimientos y añoranzas delató la vil mentira, aún le ama. No pudo ocultar la verdad que le acompaña, aquellos recuerdos de una piel sobre su cama, sobre el pecho desnudo y la piel helada, fueron más fuertes que la pared que se levanta. Tantas mañanas en la misma mesa con su rostro frente a su mirada, con el roce de la mano perdida entre caricias y palabras deslizando su fervor por entre ropas despojadas, noches enteras cabalgando la misma sinfonía, jinetes de un deseo compartido por cálidas praderas rondando hasta el rincón del olvido, hasta el último gemido mientras daban la batalla. La avalancha de recuerdos le transporta a una realidad falsa, un deseo desteñido por la espera y el silencio de unos labios que no dicen nada, aun así le extraña, los suspiros son la prueba de que el fuego no se apaga, que en su pecho arde cada instante a pesar del tiempo que tortuosamente les separa.


A veces resultan tan absurdas las palabras… qué sentido tienen si jamás te tocarán el alma