domingo, 19 de mayo de 2013

ENTRE PUERTAS CERRADAS


Una noche entre puertas cerradas, con la luz apagada y el reflejo de sus cuerpos rozando el cielo y la cama, se desnudaron para volver a ver sus pieles transpirando en batallas. De pie junto a las sábanas se besaron hasta enrojecer sus palabras y las manos traviesas les despojaron de la armadura pesada que por mucho tiempo les mantuvo a raya. Sin más armas que las de su propia desnudez y miradas se fueron enredando en ovillo de lenguas y brazas que quemaban sus rostros y cada parte de la habitación que les encerraba. Luego, de rodillas en la cama aquella alma que tanto le anhelaba sintió el fuego ardiendo en sus entrañas y soportando el dolor que al inicio le causaba fue cediendo el rincón prohibido que aquel amor de antaño tanto reclamaba. Con fuerza arremetía mientras las piernas colapsaban y los puños sujetando la cama se fueron liberando hasta aquel sexo ardiente donde los dedos anclados de ires y venires  frotaban magias prohibidas y placeres evocados de noches lejanas.  Con la espada atravesaba la carne de aquellas ganas y luego de empuñar el arma una y otra vez, fue liberada en fuego y alas, su cielo enrojecido fue sangrando por la espalda mientras su rostro se hundía entre las sábanas. Fue una noche entre paredes cerradas y con su sexo completamente vencido tomó la daga que le apuñalaba y atravesó su cuerpo de un éxtasis que no recordaba, un maná tan tibio y blando que entre ruegos suplicaba que la noche no terminara, que las cuatro paredes  se cerraran en un recuerdo de una gala dorada donde el cuerpo cautivo jamás se alejara. Una sola noche bastó para recordar porque le amaba, para arder en intensidad de un deseo que no se pronuncia en palabras, una noche entre puertas cerradas, donde no existen frases exactas, donde le faltan secretos para contar la batalla que libró sobre la cama, una noche, entre puertas cerradas.