viernes, 7 de junio de 2013

SÍ, TE HUBIESE BESADO

Sí, te hubiese besado, pero con el sabor amargo entre las venas me habría quedado, no por rencor o por algún sentimiento extraño de esos vanos, no. Es algo más profundo que no puede ser explicado, un vacío oculto que se va enraizando por entre un pecho desnudo que ha sangrado. No; te habría besado, pero en realidad quería ser besado, ver nacer el deseo sin lanzarme en ruegos por un rose de tus labios, que no fueran mis ojos suplicando y buscando el tibio ardor que me ha quemado. Sí, te hubiese besado, porque sábelo, te sigo amando, pero de qué sirve el beso cuando no quiere ser dado, cuanto más ajeno más amargo, ya  mil veces  te había besado y sé el lenguaje de ese seno aunque quieras ocultarlo, conozco el beso sincero y el que por lástima es otorgado, ese beso con el que tantas veces me he mancillado por amor o por dolido, pero al final con toda la sinceridad de mis labios, porque aquellos besos tan salados salían de mi alma suplicando no ser olvidado. Si te hubiese besado seguramente cargaría el placer de ese fino latigazo, ese gozo momentáneo de volver a tu regazo, pero al final es mejor olvidarlo, para qué besar el beso que decidió partir a otros labios, la incertidumbre de volver a mirarlos es más dura que la brevedad en que puedo tocarlos.