viernes, 13 de septiembre de 2013

TIBIO Y SILENCIO

Tibio y silencio, los ojos cerrados y la boca mojada mientras el barco encallaba en el horizonte de aquel lecho, se dobló en las ganas contra aquella espesa maraña y con su cara empapada gimió desde lo más hondo de su sexo.  Sintió la gruesa llama arrebatarle la soledad que yacía entre sábanas y mientras sus uñas se encarnaban le rasgó la piel de miradas perfiladas. Sus piernas tambaleaban y los puños apretaban las horas para que el ardor que le colmaba no se disipara, para beber el tiempo que tanto le hacía falta y rasgar ese deseo que desde la mañana al alba anhelaba. Tibio y sin más silencio el murmullo fue ganando la batalla, el encuentro se volvió palabra y se volcaron en las frases que tanto acostumbraban, las que definen las pericias de sus armas y se extienden sin frontera, sin reproche, con su repetida y deliciosa calma, con el dulce sabor del fuego en su cara y la respiración agitada de tanta guerra entre pieles que se mueren de ganas. Silencio, luego la calma, la marea baja y sólo una tibieza sobre el pecho y la espalda, la respiración apagada y entre sinceras miradas el sueño doblegando la voluntad en un instante donde no existe más  que dos cuerpos cansados, divinamente agotados que seguramente no se veran hasta una nueva mañana, un nuevo horizonte donde nuevamente les crezcan las ganas.