miércoles, 27 de noviembre de 2013

EN DONDE NOS EQUIVOCAMOS

En donde nos equivocamos, en que ruta del destino nos extraviamos y llegamos a esta gruta tan absurda, tan oculta de todo aquello que un día nos juramos. ¿Sería que nos confiamos? ¿Que la rutina de la vida nos fue alejando y sin darnos cuenta nos enfriamos hasta disiparnos?  Estamos seguros de habernos disfrutado, de haber reído y llorado bajo el mismo manto, de contarnos los secretos que nos traíamos guardados  y pasar noches en vela en los malabares de dos cuerpos antojados. Pero, ¿En qué nos malgastamos? Me revuelvo en tus palabras de un diciembre no olvidado y entonces me pregunto en el albor de la mañana, ¿cómo nos volvimos tan extraños?, ¿Por qué nos renunciamos? Pero entre más golpeó el pensamiento la respuestas no vienen volando y en el pecho desnudo de las armaduras de antaño se siguen anidando los anhelos de lo que hoy se halla tan lejano, de los besos complacientes que marcaron nuestros labios. ¿En dónde nos equivocamos? O simplemente nunca estuvimos destinados, para que luchar con la corriente, lo mejor es resignarnos, seguirnos conociendo como si nunca nos hubiéramos dejado, al final del tiempo, tal vez volvamos donde nos quedamos.    

martes, 26 de noviembre de 2013

NI TU CARNE NI TU CUERPO

No fue tu carne ni tu cuerpo, fue este amor traicionero, el fuego entre mi pecho que nuevamente me arrojó a la maraña de tu sexo, a ese dulce veneno donde se enredan mis sentimientos, donde no separo la lujuria del amor que siento, ahí, en ese instante sin tiempo, donde se cruzan nuestros cuerpos y no distingo la realidad del miedo, ese miedo que siento de volver al abismo de naufragios y retornos violentos que destrozan la calma que el tiempo va construyendo. No fue tu carne, no fue el deseo, fue el palpitar de mis adentros, fui cediendo. El tibio ceno se fue metiendo por entre cada silencio y sin más control de mi propio cielo fui cayendo en tu beso, en tus manos desvistiendo las fronteras construidas con las palabras de tus propios desprecios. No fue tu cuerpo, fue ese ardor que me dejaron los más bellos momentos, esos instantes que no logro desterrar del presente en que no te tengo, donde resumimos la existencia a estos breves encuentros, donde la voluntad no me alcanza porque en verdad te quiero. Luego fue tu carne, fue tu cuerpo, me bebí el anhelo, nos comimos en las ansias y hervimos entre fiebres porque  ya nos conocemos, quise negar tu cuerpo, pero las lenguas del deseo me fueron consumiendo, enredados en piruetas nos contemplamos desde nuestros reflejos, nos enceguecimos hasta fundirnos en una sola carne ardiendo y finalmente nos gritamos en silencio que nos seguimos queriendo, que nos vestimos de momento porque con el paso del tiempo consentiremos un nuevo encuentro. 

lunes, 11 de noviembre de 2013

ME DECLARO VENCIDO


Me declaro vencido, soy un corazón en el olvido, un recuerdo desteñido que se aleja de la luz que un día le dio su brillo. Me declaro vencido, es tiempo de volar lejos de este nido, batir las alas del alivio y recorrer largas distancias que me alejen de la sombra que persigo.

Me declaro dolorido, no es sencillo arrancarse el pecho y partir con las manos entre los bolsillos, sin palabras, sin haberse resistido. Me declaro vencido, ahora el tiempo debe ser mío, que al final te mire con los ojos de un amigo, pero  lejos, donde no escuche tus suspiros, donde cada roce de tu mano no sea la llama en que palpito y finalmente muera para haber nacido.

Me declaro vencido, este amor fue más fuerte que la voluntad de mis sentidos, que mi orgullo y mi dolor por lo sufrido. Me declaro vencido y para renacer en las cenizas de este amor marchito debo bañarme de tu olvido, alimentarme de tu ausencia y del adiós que bien adentro anido.

Me declaro vencido, ya no sigo pretendiendo ser mas fuerte que este pecho enrojecido, eres a quien amo pero no puedo estar contigo, por eso, entre mares secos y deseos reprimidos por un beso de tu cuerpo, simplemente me despido, me alejo de tu seno aunque hierva por yacer entre tu idilio.

Me declaro entero a este olvido y aunque duela al principio y broten rojas rosas de  la renuncia que yo mismo he consentido, las olas del tiempo me arrebatarán de esta orilla en la que he vivido, se llevarán tu nombre y entonces serás el más bello recuerdo que se quede conmigo y cuando finalmente te hayas ido, cuando te mire desde lejos, entonces entenderé que fui feliz de haberte conocido.