martes, 26 de noviembre de 2013

NI TU CARNE NI TU CUERPO

No fue tu carne ni tu cuerpo, fue este amor traicionero, el fuego entre mi pecho que nuevamente me arrojó a la maraña de tu sexo, a ese dulce veneno donde se enredan mis sentimientos, donde no separo la lujuria del amor que siento, ahí, en ese instante sin tiempo, donde se cruzan nuestros cuerpos y no distingo la realidad del miedo, ese miedo que siento de volver al abismo de naufragios y retornos violentos que destrozan la calma que el tiempo va construyendo. No fue tu carne, no fue el deseo, fue el palpitar de mis adentros, fui cediendo. El tibio ceno se fue metiendo por entre cada silencio y sin más control de mi propio cielo fui cayendo en tu beso, en tus manos desvistiendo las fronteras construidas con las palabras de tus propios desprecios. No fue tu cuerpo, fue ese ardor que me dejaron los más bellos momentos, esos instantes que no logro desterrar del presente en que no te tengo, donde resumimos la existencia a estos breves encuentros, donde la voluntad no me alcanza porque en verdad te quiero. Luego fue tu carne, fue tu cuerpo, me bebí el anhelo, nos comimos en las ansias y hervimos entre fiebres porque  ya nos conocemos, quise negar tu cuerpo, pero las lenguas del deseo me fueron consumiendo, enredados en piruetas nos contemplamos desde nuestros reflejos, nos enceguecimos hasta fundirnos en una sola carne ardiendo y finalmente nos gritamos en silencio que nos seguimos queriendo, que nos vestimos de momento porque con el paso del tiempo consentiremos un nuevo encuentro.