martes, 19 de agosto de 2014

No quise herirte

Nunca quise herirte, 
pero vi la tristeza disfrazada en tus ojos reclamandome el dolor que te he causado, 
cómo decirte que no he pecado, 
que la providencia definió nuestros actos y que somos, 
aunque diferentes, el mismo resultado. 

Sonreíste, pero a la par de aquel abrazo fuiste llorando sin cansancio, 
sin lagrimas, como si te hubieras secado. 
Entonces nos quebramos, tan rotos quedamos que se nos confundieron los pedazos, 
incompletos  y con un reflejo pálido de lo que amamos nos fuimos acomodando, 
aceptando el nuevo pacto que sin querer nos habíamos jurado. 

El silencio fue nuestro legado, 
nunca mas nos preguntamos aquello que tanto nos fue lastimando, 
se quedó enterrado en un pasado atiborrado pero con las fuerzas para derrumbarnos, 
por eso nunca hablamos, 
por eso nos ocultamos a los ojos de ese abismo de negros espantos, 
de voces feroces y gritos desgarrados. 

En lugar de vagos recuerdos nos vamos desnudando, 
entregando lo que tenemos mientras aun arde el deseo sobre nuestros labios, 
mientras quemamos lo que nos queda de la juventud que añoramos .

Nunca quise herirte, 
fueron las garras de lo indeseado, de una voluntad ajena a lo que alguna vez deseamos.