jueves, 20 de noviembre de 2014

NOS QUISIMOS

Nos quisimos, sé que lo hicimos, por algún tiempo no existía más mundo que el de nosotros mismos, esa fiebre del amor en sus inicios, ese aroma que nos persiguió durante gran parte de nuestro camino, tal vez hasta el cansancio, hasta agotar todo lo que vivimos. No habían más ojos, ni otras carnes,  todo se resumía a nuestras manos en un mismo nido, a un beso desprevenido y tibio, donde el más simple roce nos conducía al idilio de nuestro destino: - Sin buscarnos nos habíamos conocido-.  

Y allí estábamos, mirándonos sin ningún motivo, perplejos en la emoción de un pecho henchido y huyendo de la noche para no terminar de irnos, para seguir allí, tan presentes al abrigo de la madrugada que nos sorprendía con sigilo.  El mundo era chico para todo aquello que sentimos, vivimos tanto como pudimos y nos atragantamos de cada momento hasta  la saciedad, que antaño no tuvimos.  

Al final nos despedimos, con la certeza de habernos querido y la impotencia de continuar manteniendo en el pecho las promesas que dijimos. Lloramos, porque en los retazos de lo que habíamos construido quisimos prolongar el reflejo de lo que ya estaba marchito. Pero  entonces entendimos, el mismo destino que nos trajo tanto regocijo, nos daba la espalda anunciando que aquel fatídico diciembre era el final que nunca nos habíamos prometido  y con la garganta atravesada por la flecha de un adiós desprevenido, marchamos ausentes, como si nunca nos hubiéramos conocido.