martes, 2 de diciembre de 2014

MIENTRAS ESCRIBÍA LAS PALABRAS

Mientras escribía las palabras, varias se vinieron tan lastimeras que no podía dejarlas, luego racionalmente comprendí que eres feliz de la manera en que te hallas, que la vida se te da tal cual quieres llevarla, y que no puedo oponerme a la dicha que te otorga esa verdad de cálida mañana. Pero no es mi sueño, es la realidad que te acompaña, tu historia ya está escrita, pero la mía va sobre la marcha, tú quieres la libertad en alborada y yo los días en que te profesaba todo el amor de mi alma, donde sonreía con el roce suave en tu mirada y moría en besos que ardían en noches largas. 

Y es que no puedo acompañarte en esa libertad que me reclamas, mis ojos no pueden mirarte desde esa lejanía en que te escapas, porque entiéndeme, el pecho se desangra, gotea el corazón con cada hora que pasa, donde no te encuentro y no hallo miradas que antaño me decían todo sin pronunciar las más mínima palabra. Por eso, a la par de todos estos sueños me cuestionaba, fue una simple pregunta pero no encontré la respuesta que esperaba, te fuiste diluyendo en ríos para expresar lo que ya presentía, pero que se niega con el corazón y las ganas. 

Quise decirlo tantas veces, pero tus manos me desarman y cada vez que intento hablar desde el pecho abierto, con un tierno movimiento me callan, respondiendo que es la soledad lo que en verdad prefieres porque no se te dan las cosas complicadas. Y aquí estoy, en esta encrucijada, deseando caerme en tu cuerpo a pesar del silencio que emanas, sin importar que en esa vida que ahora entrañas yo esté fuera de batalla. 

Aquí estoy, renunciando a la espera que tanto reclamabas, rindiendome a la soledad que hoy es el estandarte de tus cruzadas, con el convencimiento de no poder seguirte porque no es la vida que anhelaba, es tu deseo y lo acepto con calma, porque eres el viento que en tardes me acariciaba, pero que jamás se quedará conmigo en madrugada, así eres, tan libre como siempre te soñaba.