sábado, 21 de marzo de 2015

Ese Afán

Ese afán tuyo de ponerle nombre a las cosas, de marcar cada momento y cada beso como el recetario de una próxima promesa. Siempre te dije que la libertad era mi bandera, que seríamos el viento que va y viene y nunca se queda, porque así de efímera es la vida y no necesitamos etiquetas. No sufras porque no doy una respuesta, para qué te ahogas en esa gélida existencia si lo que tenemos finalmente nos llena. No pidas más de lo que pude darte, siempre dije la verdad cada vez que partía por la puerta, pero era tu afán el que me retenía aun sabiendo las consecuencias. 

No me culpes, soy un pasajero en esta tierra, y aunque no quiero que te duela, los dos sabemos que no iremos más lejos de esta meta, que este bello recorrido es lo que nos queda y a partir de este instante de ausencia seremos un recuerdo dulce y amargo con una sonrisa sobre la mesa, mientras volvemos sobre aquella turbulencia que rondaba nuestras cabezas. No llores, para qué derramar las lágrimas cuando puedes conservar la entereza, entiende que esa sólida tristeza tan sólo me conduce al umbral de la puerta, lejos del lamento porque no soporto el compromiso que ese mundo encierra, no llores, porque aunque me duela la derrota que en ti se aferra, caminaré tan rápido como el egoísmo me lo enseña.   

lunes, 9 de marzo de 2015

ERAN CARNOSOS SUS LABIOS

Eran carnosos sus labios, con un asomo de desierto, ansioso por la sed de un prolongado naufragio. Eran de una palidez de fruta tierna, pero tan tibios que al primer contacto queman, ardientes de ansias y furiosas lenguas por orillas indescifrables que se desbordan en un suspiro, rendido por la bastedad de ese ahogo entre las piernas. Eran de esa carne que se anhela, donde se barajan todas las ideas para que el cuerpo no oponga resistencia, mientras los párpados descienden buscando en la oscuridad la complacencia.

Eran carnosos, de brazas y ardores que azotan sin clemencia, de un escalofrío que se riega por la espalda, saliendo a gritos como la primera nota de un acorde que entre palpitares se embriaga, por los albores de esa miel que se anhela, latiendo entre sábanas y puños de hierro mientras se muerden las sábanas por el placer en que se entregan, allí, muriéndose en silencio, como si el mundo no existiera.

Esos eran sus labios, una caricia eterna donde el alma se libera.

martes, 3 de marzo de 2015

SIN RESPUESTA

Se desbordó una risa nerviosa ante la pregunta directa de su interlocutor. ¿Qué hay entre ustedes dos? – La respuesta no venía presurosa hasta sus labios, demoraba en el horizonte, se asomaba tímida por entre la alborada de sus ojos, aquellos que se encontraban cegados por la ilusión de su pecho y que jamás hubiesen podido pestañear la respuesta sincera.- Fue ahí cuando su cabeza, un poco más cuerda, se adelantó al corazón henchido y pronunció aquella verdad impresa en todo su cuerpo, la que se leía a letras gruesas: No sabía, debía preguntarle a aquel amor que le goteaba por las venas, allí estaba la respuesta.

Volvió a reír, pero esta vez no fueron los nervios delatando su falta de certeza, fue la convicción de estar vagando en un valle de asperezas labrado por la soledad de aquella sentencia, debía preguntar lo que por naturaleza se siente, pero no se profesa. Luego notó su misma presencia, desde adentro nacía la dolente exigencia, era una voz ardiente subiendo por las tripas hasta la punta de su lengua, que se humedecía con las inquietudes de aquella mirada dispersa, latiendo desde lo hondo de su conciencia, apretando el tiempo porque la espera, como los muertos, apesta.

Se desbordó de sonrisas y pensamientos, todos tan rebeldes y sinceros, con verdades de ojos cerrados y labios enladrillados tejiendo los muros que atrapan la mudez de un ser naufragando en las desavenencias, repitiéndose que fue la soledad quien le raptó de su destino, que fueron sus labios al pronunciar las letras de la despedida los que despedazaron su frágil cuerpo desvestido, con un gesto inclemente y un beso desabrido y aún después de haber matado el tiempo a gritos y suspiros, no tenía la respuesta para ese nuevo sentimiento en el que se había sumergido.