martes, 3 de marzo de 2015

SIN RESPUESTA

Se desbordó una risa nerviosa ante la pregunta directa de su interlocutor. ¿Qué hay entre ustedes dos? – La respuesta no venía presurosa hasta sus labios, demoraba en el horizonte, se asomaba tímida por entre la alborada de sus ojos, aquellos que se encontraban cegados por la ilusión de su pecho y que jamás hubiesen podido pestañear la respuesta sincera.- Fue ahí cuando su cabeza, un poco más cuerda, se adelantó al corazón henchido y pronunció aquella verdad impresa en todo su cuerpo, la que se leía a letras gruesas: No sabía, debía preguntarle a aquel amor que le goteaba por las venas, allí estaba la respuesta.

Volvió a reír, pero esta vez no fueron los nervios delatando su falta de certeza, fue la convicción de estar vagando en un valle de asperezas labrado por la soledad de aquella sentencia, debía preguntar lo que por naturaleza se siente, pero no se profesa. Luego notó su misma presencia, desde adentro nacía la dolente exigencia, era una voz ardiente subiendo por las tripas hasta la punta de su lengua, que se humedecía con las inquietudes de aquella mirada dispersa, latiendo desde lo hondo de su conciencia, apretando el tiempo porque la espera, como los muertos, apesta.

Se desbordó de sonrisas y pensamientos, todos tan rebeldes y sinceros, con verdades de ojos cerrados y labios enladrillados tejiendo los muros que atrapan la mudez de un ser naufragando en las desavenencias, repitiéndose que fue la soledad quien le raptó de su destino, que fueron sus labios al pronunciar las letras de la despedida los que despedazaron su frágil cuerpo desvestido, con un gesto inclemente y un beso desabrido y aún después de haber matado el tiempo a gritos y suspiros, no tenía la respuesta para ese nuevo sentimiento en el que se había sumergido.