lunes, 22 de febrero de 2016

....soledades de una noche.....

En aguas tenebrosas, navegando en turbulencias que le agotan desesperadamente busca la rivera de un descanso prometido. Con toda su fuerza lucha contra la abstinencia, esa necesidad de la tibieza anclada a la imagen de una orilla en la que nada queda, una imagen perpetua que sólo existe en su cabeza. Carga las maletas, llenas de angustia y una tristeza tremendamente grandes para una barca tan mal hecha, no soporta la ausencia, esa falta de interés que le genera la mera existencia, una llamada que no llega, un mensaje sobre la mesa, un te quiero o un abrazo por pura coincidencia. Los recuerdos vuelan, todo es tan efímero y tan imposible de disfrutar con total entereza, mientras las cosas pasaban faltó la conciencia y el humo de lo que fue se disipa con una rapidez que enferma. Duelen los huesos, es la abstinencia, la mano cayendo sobre una mejilla que ya no espera, la mirada directa y el silencio diciendo a gritos que la puerta se cierra tras una espalda tan pálida como su misma presencia. Lucha, lo intenta, aunque su cuerpo traicione la más noble intención por mantener la entereza, resiste la embestida de las horas marcadas con fiereza, perpetuas en un compás de espera que aniquila la calma y lo arroja a infiernos indescifrables que le superan. Abstinencia, nada queda, migajas entre la arena de una noche larga y espesa, rogando por un sueño profundo que devuelva el alma al cuerpo que vaga entre nieblas de una profunda ceguera, queriendo despertar para seguir anclado a las promesas.

jueves, 18 de febrero de 2016

Me abrazó la soledad

Me abrazó la soledad y tuve miedo, esa voz distante cada vez más tenue se iba disipando en mi cabeza, no escuchaba las palabras con la misma fuerza, todo se hizo nube negra de melancolías sin respuesta y un amor anclado hasta las entrañas resistiendo la indiferencia sobre una lágrima seca. Por qué te quiero tanto? El sólo pensamiento me hizo eco, ya no puedo seguir aferrándome al barranco de tus sueños, me estoy cayendo y tus manos no me rescatan de este abismo sin suelo, me veo absorto en tus ojos mientras regreso a la realidad de este cuarto frío y desordenado como la misma existencia en la que permanezco. Sigo nadando en los mejores momentos, como si el tiempo no pasara, como una cruel jugada de la que no me termino despidiendo, mientras sigue lloviendo desde un rostro que ni tú ni yo reconocemos. 

Me abrazó la soledad y debo ser honesto, las lágrimas volvieron. Pensé que después de tanto tiempo ese mar de silencios había muerto, pero ahí estaba, dispuesto a demostrarme que lo que siento gobierna lo que pienso, que no puedo resistir el viento porque anhelo, confundo los deseos y espero que lo que fue siga siendo, que hablemos y riamos como apenas algunos días lo hiciéramos, porque no entiendo donde me fui perdiendo, por qué cambiaste el sendero y en la brevedad de un misterio yo dejé de existir mientras continuabas tu vuelo. Pero no habrá respuesta, es cierto, sólo tendré tu silencio, ese por el que muero, el que me arrojó a este momento, a este rincón donde intento lo que no debo, donde sigo queriendo y latiendo un pecho al descubierto.

Te quiero y no lo niego, es algo que llevo por dentro y quiero sacarlo como tu lo has hecho, pero se resiste y me embiste al abrigo de esta melancólica armonía en la que te observo. Será entonces que estoy enfermo? Que este latir que siento es la obsesión en la que voy distorsionando la realidad de lo que en verdad conocemos, lo que somos y seguiremos siendo, lo que ya no somos y no volveremos a serlo. No me entiendo y sigo sin entenderlo, me carcomen los pensamientos y termino lejos, soñando que vuelvo y que en medio de la muchedumbre te encuentro, vienes a mi con una sonrisa de ensueño, pero luego despierto sólo para ver que para este amor no existe antídoto o veneno.