jueves, 18 de febrero de 2016

Me abrazó la soledad

Me abrazó la soledad y tuve miedo, esa voz distante cada vez más tenue se iba disipando en mi cabeza, no escuchaba las palabras con la misma fuerza, todo se hizo nube negra de melancolías sin respuesta y un amor anclado hasta las entrañas resistiendo la indiferencia sobre una lágrima seca. Por qué te quiero tanto? El sólo pensamiento me hizo eco, ya no puedo seguir aferrándome al barranco de tus sueños, me estoy cayendo y tus manos no me rescatan de este abismo sin suelo, me veo absorto en tus ojos mientras regreso a la realidad de este cuarto frío y desordenado como la misma existencia en la que permanezco. Sigo nadando en los mejores momentos, como si el tiempo no pasara, como una cruel jugada de la que no me termino despidiendo, mientras sigue lloviendo desde un rostro que ni tú ni yo reconocemos. 

Me abrazó la soledad y debo ser honesto, las lágrimas volvieron. Pensé que después de tanto tiempo ese mar de silencios había muerto, pero ahí estaba, dispuesto a demostrarme que lo que siento gobierna lo que pienso, que no puedo resistir el viento porque anhelo, confundo los deseos y espero que lo que fue siga siendo, que hablemos y riamos como apenas algunos días lo hiciéramos, porque no entiendo donde me fui perdiendo, por qué cambiaste el sendero y en la brevedad de un misterio yo dejé de existir mientras continuabas tu vuelo. Pero no habrá respuesta, es cierto, sólo tendré tu silencio, ese por el que muero, el que me arrojó a este momento, a este rincón donde intento lo que no debo, donde sigo queriendo y latiendo un pecho al descubierto.

Te quiero y no lo niego, es algo que llevo por dentro y quiero sacarlo como tu lo has hecho, pero se resiste y me embiste al abrigo de esta melancólica armonía en la que te observo. Será entonces que estoy enfermo? Que este latir que siento es la obsesión en la que voy distorsionando la realidad de lo que en verdad conocemos, lo que somos y seguiremos siendo, lo que ya no somos y no volveremos a serlo. No me entiendo y sigo sin entenderlo, me carcomen los pensamientos y termino lejos, soñando que vuelvo y que en medio de la muchedumbre te encuentro, vienes a mi con una sonrisa de ensueño, pero luego despierto sólo para ver que para este amor no existe antídoto o veneno.