lunes, 22 de febrero de 2016

....soledades de una noche.....

En aguas tenebrosas, navegando en turbulencias que le agotan desesperadamente busca la rivera de un descanso prometido. Con toda su fuerza lucha contra la abstinencia, esa necesidad de la tibieza anclada a la imagen de una orilla en la que nada queda, una imagen perpetua que sólo existe en su cabeza. Carga las maletas, llenas de angustia y una tristeza tremendamente grandes para una barca tan mal hecha, no soporta la ausencia, esa falta de interés que le genera la mera existencia, una llamada que no llega, un mensaje sobre la mesa, un te quiero o un abrazo por pura coincidencia. Los recuerdos vuelan, todo es tan efímero y tan imposible de disfrutar con total entereza, mientras las cosas pasaban faltó la conciencia y el humo de lo que fue se disipa con una rapidez que enferma. Duelen los huesos, es la abstinencia, la mano cayendo sobre una mejilla que ya no espera, la mirada directa y el silencio diciendo a gritos que la puerta se cierra tras una espalda tan pálida como su misma presencia. Lucha, lo intenta, aunque su cuerpo traicione la más noble intención por mantener la entereza, resiste la embestida de las horas marcadas con fiereza, perpetuas en un compás de espera que aniquila la calma y lo arroja a infiernos indescifrables que le superan. Abstinencia, nada queda, migajas entre la arena de una noche larga y espesa, rogando por un sueño profundo que devuelva el alma al cuerpo que vaga entre nieblas de una profunda ceguera, queriendo despertar para seguir anclado a las promesas.